1-Erdan Ar-feiniel

 

Bárbaro nómada

Bueno comenzaré la historia por mis orígenes. Lo único que me contaron sobre mi padre es que perteneció a un grupo nómada de bárbaros. Este grupo apareció por sorpresa durante la noche  y tendió una emboscada al clan  élfico Kelvadain situado en los bosques Wealdath, al sur del Lago Esmel. Masacraron a muchos elfos adultos, a las niñas las mataban o las violaban y a los niños se los llebaban para venderlos como exclavos.

Al amanecer, después de esa noche, los elfos que quedaron en pie tomaron la decisión de viajar hacia otro bosque en busca de un lugar donde empezar de nuevo. Mi madre Adalia Ar-Feiniel fué la única joven, víctima de las violaciones que sobrevivió… al poco tiempo nací yo, en ese nuevo poblado situado en los bosques de Velen al este de las Islas de Nelanther en el Mar de las Espadas.

Cascada en los bosques Wealdath

Me crié entre elfos, mi madre siempre me ha querido, me ha demostrado su amor, pero la gente del clan siempre ha estado un poco recelosa de que yo fuera medio humano. Sin embargo ella solo veia en mí la parte de elfo y eso le hacia seguir adelante.

Cuando tuve uso de razón empecé a notar que la gente de mi clan me detestaba yo era el recuerdo personificado de lo que les sucedió antaño. El reflejo de mi cara les hacia recordar la pérdida de seres queridos y de un hogar que tuvieron que dejar atrás. Así que hace pocas lunas, aprovechando el silencio de la noche abandoné mi clan, dejé mi hogar, liberando a mi madre de la carga de tener un hijo medio humano. Sé que me hechará de menos, pero prometo que volveré cuando haya pasado un tiempo para poder despedirme como es debido.

Algún lugar en los bosques Wealdath

Caminé durante la noche alejándome todo lo posible. Queria volver a visitar el antiguo hogar de mi clan, todo lo que sabia era que estaba al sur del Lago Esmel así que ese era mi destino. Después de varias horas caminando, el bosque terminó. Encontré un camino empedrado y lo seguí dirección norte.

“Empezó a amanecer”

Empezó a amanecer. A lo lejos vi lo que me habian descrito como los hogares de los humanos. Grandes construcciones de piedra o madera con puertas y ventanas, eran enormes y eso que aún las veia de lejos. Procuré permanecer oculto evitando entrar en  el poblado que según pude leer en un cartel se llamaba  Athakatla. Dejando atrás el poblado encontré un cartel en un cruce de caminos y al este indicaba un par de poblados llamados Crimmor y Esmeltaran y para mi sorpresa también estaba indicado el Lago Esmel. No lo dudé ni un segundo empecé a correr por el camino cegado por la alegria de haber encontrado la dirección correcta tan fácilmente y olvidé que no me encontraba bajo la protección de los bosques que siempre me habian dado cobijo. De pronto un grupo de humanos mal olientes apareció en mitad del camino cortándome el paso. No mediaron palabra uno de ellos armado con una honda me alcanzó en el hombro haciéndome caer con un fuerte dolor. Los otros dos corrieron con la intención de cogerme, uno de ellos llebaba una cuerda, querian atarme. Rápidamente me puse en pie de un salto me preparé para realizar un Impacto gemelo. Alcancé mi arco. Puse en él dos flechas. Tensé la cuerda. Respiré hondo. Mantuve la respiración. Apunté y de un solo disparo eliminé a dos de mi atacantes. El tercero al ver mi reacción sacó una daga de su cinto y lleno de ira por la muerte de sus compañeros cargó sobre mí. Saqué una tercera flecha de mi carcaj y realicé el mismo ritual pero esta vez mientras mi enemigo se acercaba yo lo estudiaba, buscando un hueco en sus defensas. Sólo cuando lo encontré lancé mi mortífero ataque, el resultado fué el mismo que con sus compañeros.

Poblado de Athakatla

Pude evitar ese enfrentamiento si hubiera sido más precavido, pero el destino habia puesto esos tres humanos en mi contra y hice lo que ellos hubieran hecho conmigo. La diferencia es que yo fui más rápido.  Me acerqué a los cadáveres de los hombres y saqueé lo poco que llevaban encima. Algunas monedas de cobre, un libro y un anillo extraño que me llamó la atención. Habia algo grabado en él pero no lograba entender su significado. Lo guardé con todo lo demás en mi bolsa. Aparté a los tres hombres del camino y se me ocurrió algo mientras arrastraba al último humano hacia unos arbustos. Guardé mi ropa de elfo en mi mochila y desnudé al que tenia mi misma estatura. Con ropas humanas pasaria más desapercibido, aunque no podia hacer nada por ocultar mis características orejas puntiagudas.

Anillo encontrado en el cadáver de uno de los bandido

Después continué mi camino, pero esta vez fui más precavido y caminé oculto entre los arbustos paralelamtente al camino en dirección a Lago Esmel. Mi meta no estaba muy lejos, quiza un dia de viaje, como mucho dos. (continua el viaje).

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1 comentario

  1. Jorjenis said,

    5 octubre, 2012 a 9:41

    Excelente historia, a ver que continua 😉


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